En una empresa de SERVICIOS, tratamos de no olvidar nunca que nuestra profesionalidad está al servicio de los clientes. La profesionalidad no es para crear beneficios. Los beneficios siguen, y si recordamos esto, nunca dejarán de aparecer.
Definido este propósito, ahora nos toca efectuar un análisis personalizado de los Clientes y de cómo satisfacerles, en términos explícitos, desarrollando su contenido a partir de una serie de preguntas básicas:
¿Quién es nuestro cliente?
¿Qué compra?
¿Qué espera de nuestra empresa?
¿Qué es lo que valora de nuestros servicios?
¿Qué puede aportar nuestra empresa a este cliente?
Una empresa de SERVICIOS no puede convertirse en un buen colaborador, sin una excelente información sobre el cliente; no puede ejercer bien su asesoría sin un conocimiento detallado de sus productos y servicios. Las fábricas se transforman en empresas de servicios cuando sus empleados comprenden las necesidades del cliente de modo tan completo y directo como conocen sus propios productos.
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